«¿Por qué volvemos a esas historias? ¿Por qué escribimos sobre los huesos de un amor?

Porque la eternidad está enamorada de las formas del tiempo. Porque el tiempo son dos círculos de ceniza que se unen y acoplan como el deseo de dos cuerpos. Porque siempre hay una voz que rememora el canto de la tierra, la uva, y el rocío. Porque todo dios, porque todo pasado, es, en cierto punto, incompleto, y necesita de la mano que dibuje o interrogue, una vez más, las sombras de su figura».
Alan La Veglia se inició mediante la lectura de César Vallejo, el haiku, y el destello del sacrificio. Después de años escribiendo sobre bosques y noches, surgió este libro, una suerte de respuesta frente al silencio de la poesía. Hoy en día escribe poco, lee mitología y mira películas dramáticas.